Algunos comentarios a entradas anteriores inciden sobre las bondades de la evaluación continua. Y ya no podemos más. Son ya más de veinte años dando clase en nuestra universidad, y por tanto, evaluando a nuestros alumnos. Y esos veinte años de experiencia nos dan la suficiente perspectiva como para poder ser, una vez más, políticamente incorrectos: la evaluación continua en la universidad es otra chorrada más de los pedagogos del régimen, para marear la perdiz. Así de claro.